«Eres un pesimista», recuerdo que me dijo una vez, a lo que yo le respondí que sí, que lo era , y era una ventaja.
—¿Por qué? —me dijo.
—Porque siempre espero lo peor. Así, cada vez que no ocurre, me sorprendo. Quedo feliz. Y cuando ocurre, porque de que ocurre, ocurre, no me deprimo ni me decepciono. Es lo acostumbrado. Es lo normal. Es como es. Pero no necesariamente como debe ser.
—Y yo, ¿te sorprendo?
—A cada rato.
—¿Por qué? —me dijo.
—Porque siempre espero lo peor. Así, cada vez que no ocurre, me sorprendo. Quedo feliz. Y cuando ocurre, porque de que ocurre, ocurre, no me deprimo ni me decepciono. Es lo acostumbrado. Es lo normal. Es como es. Pero no necesariamente como debe ser.
—Y yo, ¿te sorprendo?
—A cada rato.
